Eva (nombre cambiado con intención de anonimizar), una de mis colegas de profesión y compañeras de trabajo a la que quiero, respeto y admiro por su humanidad, profesionalidad y fortaleza (además de su espíritu maternal para con nosotros «los peques» del trabajo), ha estado pasando una temporada mala a nivel personal, teniendo que afrontar la difícil situación de enfermedad de un ser querido muy cercano a ella. Tras su fallecimiento, siendo aún muy joven esta persona, Eva no había tenido muchos meses de tregua pues, devenires y desgracias de la vida, su madre sufrió muy recientemente un ictus.
Esta terrible situación dejó a mi colega, a pesar de su fortaleza, expresando tristeza y preocupación ya no solo por el preligro de muerte de su madre, sino por el prospecto de la vida que le esperaría de sobrevivir a este duro evento. Y es que, como ocurre con frecuencia en estos casos y todavía más en personas mayores como era la presente, esta pobre mujer había visto afectada su movilidad y, en mayor medida, el habla: no ser capaz de articular a pesar de entender a los demás.
El cambio vital que esto supone para la enferma y también para los familiares que se encargarían de cuidarla es muy dramático y no es fácil hallar paz y consuelo entre este caos repentino. Esta es la forma en la que, un viernes por la mañana, me contó mi colega más o menos la situación.
Yo me sentí muy apenado por ella, porque sé que lo había pasado (y estaba pasando) mal por el reciente fallecimiento antes mencionado. Así pues, ese fin de semana tuve a Eva muy presente en mis pensamientos (y también oraciones). Sentía mucha pena y pensaba que ojalá, dentro de lo malo, todo fuese a mejor para ellos. Pensé, además, que debía hablar con ella tras el fin de semana para hacerle saber que yo estaba a su disposición por si necesitaba alguna cosa.
Ese lunes, bien temprano por la mañana al comienzo de la jornada, me encontré con ella y le pregunté qué tal todo y cómo se encontraban ella y su madre.
Poco sabía yo que su respuesta me cogería totalmente por sorpresa: su madre había recuperado completamente el habla. Increíble. La manera en la que la familia llegó a conocer tal noticia es también peculiar: el nieto de la enferma fue a visitarla al hospital, donde las visitas, por ciertas restricciones, han de hacerse de visitante en visitante, uno cada vez. La familia, siendo conocedora de la angustia que puede producirle a una persona con afasia querer pero no ser capaz de hablar, dio instrucciones al chico de que hablase con ella pero evitase formular preguntas. Tras un rato dentro con su abuela, el chico salió a la puerta, donde su familia le preguntó sobre la interacción. Él entonces dijo que «bien, pero que la abuela dice que…». La familia se quedó atónita ante eso. ¿Cómo que «la abuela dice…»?
Efectivamente, la mujer, aunque al principio despacio y con torpeza, volvía a hablar. Algo ciertamente inaudito. Esa misma mañana no hablaba y, en cuestión de unas horas, articulaba ya sus pensamientos de nuevo. Las enfermeras del hospital, según narraba Eva, no daban crédito, sorprendidas ante la rareza de tal acontecimiento. El neurólogo había dicho que, en el caso de que recuperase el habla, necesitaría de logopedia para volver a hablar.
Ante esta positiva noticia que Eva me estaba contando, no oculté mi exclamación interior «¡eso es un milagro!», ante lo que ella, para nada creyente según me consta, afirmó: «y con eme mayúscula, además».
Por supuesto que sin la rápida y eficaz intervención médica nada de esto hubiese ocurrido. No obstante el caso es sin duda fuera de lo ordinario, por su improbabilidad y por lo espectacular de la recuperación, así como la manifestación de la misma (casi como si se tratase de una historia novelística). Es aquí donde no pude sino pensar en la infinita capacidad de maravillarnos que tiene Dios con su obrar, tanto en lo bueno como en lo malo (o lo que nosotros percibimos como tal). Es aquí donde no puedo sino exclamar con felicidad en mi interior «¡bendito sea Dios!».
Dios bendiga a Eva y a su madre. Que prosperen, que se quieran y que vivan en amor, salud y compañía durante muchos años.
Replica a noticiasdelreinomx Cancelar la respuesta